Duna.
Mi compañera de vida.
A mí, personalmente, me cuesta decir que es mi gata o mi mascota, porque cuando empiezas a vivir con estos seres tan extraordinarios, te olvidas de todo eso y simplemente, les ves como familia.
¡Y cómo se les quiere!
Como un hijo o un hermano…
Y ahora mismo aquí la tengo, a mi lado, en el sofá.
La he mirado.
Le he dicho cosas bonitas con cariño y ella ya se ha puesto panza arriba, pidiéndome que deje de escribir en el portátil y que le haga unos mimitos en su barriguita.
Es puro amor.
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