América, solamente la he visitado dos veces.
La primera fue a México. Un viaje que hice hace ya tantos años, que me parece que fue en una reencarnación anterior.
Para que te hagas una idea, en ese viaje estrené mi primera cámara réflex analógica… ¡no te digo más! Así que, tengo todas las fotografías de ese viaje en papel y de momento, no te las puedo mostrar.
Me encantaría volver algún día a México y también conocer muchos países de Latinoamérica, por su belleza y su gente tan encantadora.
La segunda, algo más reciente, fue mi visita a New York… y como has podido ver, es de donde son todas las fotos de esta categoría.
Es de aquellas ciudades que cuando pienso en ella, siempre respiro profundamente y sonrío.
Prácticamente desde adolescente, vivía enamorada de New York y como buena fan de Woody Allen, también lo soy de su ciudad. Porque el cine, afortunadamente, para mí siempre ha sido como un puente entre realidad y fantasía; esa fantasía que se nos muestra en la ficción cinematográfica y también la que nos vamos creando en nuestras mentes, paralelamente.
¿Sabes aquellas cosas de la vida que no te sorprenden porque te las esperas, pero a la vez, no dejan de sorprenderte?
Pues eso me pasó a mí en New York.
Después de ver sus lugares icónicos durante años en películas y fotografías, no pude dejar de tener la boca abierta de fascinación, desde el minuto uno en que puse un pie en ella.
Todo lo que ya conocía, no dejaba de sorprenderme y maravillarme, por su belleza y magnitud…
Mi querido Chrysler Building, el Empire State Building, el Flatiron Building, el bullicioso Time Square, Central Park, el puente de Brooklyn, la famosa quinta avenida, la estatua de la Libertad, la Gran Estación Central, la Biblioteca Pública, Broadway, Wall Street, Tribeca, China Town, Little Italy, Harlem…
Y luego lugares, como la zona del 11S, donde la tristeza estaba impregnada en el aire y brotaba por cada centímetro del asfalto…
Cuando me preguntan qué me gustó más New York, siempre contesto que todo. Volví absolutamente fascinada de mi visita a la ciudad.
Pero si tuviera que quedarme con aquellos ratitos mágicos que se quedan grabados en la mente y en el corazón, me quedaría… con la visita a una iglesia de Harlem y la emoción que podía palparse durante la misa… con el paseo por las calles del Soho aunque la quinta avenida sea más famosa… cómo me sentí de afortunada entre las letras de los más grandes en la impresionante Biblioteca Pública… cuando me senté sin hacer nada en Brian Park… la tarde que atravesamos el puente de Brooklyn a pie en el atardecer, mientras la ciudad se iba llenando de lucecitas a medida que se hacía de noche… y contemplar la ciudad mientras va atardeciendo desde el Top of Rock del Rockefeller Center, como despedida, el último día en New York…
Aunque ya conozco New York, quiero volver.
Y voy a volver.
Me apetece conocer la ciudad sin mapa -bueno, con un mapa para no perderme-, pero salir por la puerta del hotel y caminar en cualquier dirección hacia la aventura de descubrir rincones desconocidos de la ciudad.
Tengo muy claro que quiero volver como mínimo, dos veces más.
Una en otoño… y perderme por Central Park.
Y la otra, por supuesto, en Navidad. Ver esta preciosa ciudad iluminada y con los adornos navideños, creo que puede llegar a ser un autentico deleite para mis ojos… y para mi corazón.
Si quieres, puedes ver aquí más fotos de la galería de New York.