Muchísimas gracias a todos por estar aquí.
Muchísimas gracias por venir.
Hoy es un día muy especial para mí.
Es un día que me gustaría recordar, el resto de mi vida.
¡Hoy voy a casarme!
Porque he decido comprometerme conmigo misma.
Porque para que te traten con respeto y amor, te tienes que respetar y amar tú, la primera.
Y eso es lo que quiero prometer aquí hoy, delante de todos vosotros.
Prometo respetarme.
Prometo cuidarme.
Prometo escucharme.
Prometo perdonarme.
Prometo hacer lo que me haga bien a mí.
Prometo preguntarme a mí misma primero, antes que preguntar qué quieren los demás.
Prometo llevar a cabo mis sueños y mis deseos.
Prometo quererme con todo mi corazón, todos los días de mi vida.
También quiero renunciar a poner mi felicidad en manos de los demás.
Y por último, renuncio a ser obediente.
¡Viva la novia!
No, no me he vuelto loca. Mira el vídeo y lo entenderás.
➤Dale al play, vale la pena.
Me encantan las tardes de fin de semana, de peli y manta… y ayer me puse “La boda de Rosa”.
¡Magnífica! ¡Extraordinaria! ¡Una maravilla! ¡Qué subidón!
Una película aparentemente sencilla, lo digo porque no es una de esas de acción o muchos efectos especiales, pero de un fondo y un mensaje absolutamente maravilloso… y con una Candela Peña impresionante, como siempre.
{Por cierto, ya aviso, si no la habéis visto, que esto va a ser es un pedazo de spoiler.}
A ver si con lo que te voy a contar, algo te resuena…
Rosa es una mujer de 45 años.
Con un trabajo estresante en la ciudad. Una profesión que le encanta porque se dedica a la costura, su pasión, igual que su madre. Pero con los años, ha ido adquiriendo demasiadas responsabilidades -propias y de otros-, y está inmersa en unas jornadas sin fin.
Sin tiempo libre, solo trabajo y más trabajo, ni tampoco ningún atisbo de reconocimiento.
Aun así, hace malabares para ayudar a todo el mundo: haciéndole la cena a los hijos de su hermano que no sabe organizarse, cuidando sola de su padre a pesar de ser tres hermanos, preocupándose por su hija que vive en Manchester, incluso quedándose con el gato de su mejor amiga cuando se va de vacaciones…
Pero un día explota… se toma su momento… se para a pensar y reflexionar, en qué se ha convertido su vida. Recuerda a su madre, ya fallecida, en su taller de costura en el pueblo…
¡Cómo le gustaba!
Y toma una gran decisión, que será un punto de inflexión en su vida.
Decide coger el coche, llenarlo de sus enseres personales (y el gato de la amiga) y se marcha al pueblo, a la casa de sus padres, y de su infancia.
Llega a la tienda y taller de costura de su madre. La recorre con amor, y de la mano de los recuerdos, tanto los vividos en su niñez, como los que soñó ya de más mayor.
Lo tiene claro, clarísimo: ahí va a empezar su nueva vida.
Allí, en ese lugar y en ese preciso momento, decide comprometerse con ella misma y para siempre. Decide amarse y priorizarse por encima de todo…
Llama al trabajo para comunicar que se despide, y a sus allegados para informarles que se casa el próximo domingo, y que les espera a todos en el pueblo…
¡Imagínate la que se lía!
Nadie sabe nada y todos piensan que se casa con su novio, precipitadamente.
Ninguno de sus familiares se espera que la boda, el compromiso, es solamente de una persona, de ella.
Pero Rosa ha decidido casarse con ella misma, eso sí, con un vestido rojo espectacular que se ha confeccionado para la ocasión.
Y te puedes estar preguntando: ¿por qué?, ¿por qué todo este lío de la boda?, ¿no era más fácil tomar la decisión y ya está?
No, va a ser que no.
Casándose, en la playa, en su sitio preferido, con un vestido precioso, ella quiere -y necesita- dejar registrado y establecido ese compromiso a los ojos de todos. Porque los ama y porque necesita que entiendan, el porqué de su decisión y de su nuevo estilo de vida.
Pero, sobre todo, quiere que ese compromiso sea profundo, trascendente… y también, para el resto de su vida.
¿Qué? ¿No te parece algo absolutamente maravilloso?
Madre mía, no te imaginas cómo lloré con esta película… y cómo me resonaron dentro de mí tantas cosas…
A mis 52 añitos, te confieso que ya he recorrido parte de ese camino… pero siempre queda mucho por hacer. Mucho.
Por hacer… por recordar… y por reafirmar…
Reafirmar, sí, reafirmar… porque, aunque tengamos las cosas claras, muchas veces se nos olvidan y volvemos a caer en nuestra generosidad y capacidad de amar a los demás, perdiendo de vista ese norte, esa brújula que siempre deberíamos llevar en el bolsillo, para recordarnos hacía dónde queremos ir, quiénes somos, quiénes queremos ser, cuánto nos amamos, cuánto nos priorizamos y todo lo que nos merecemos.
Quizás, en lugar de una brújula en el bolsillo, deberíamos hacer como Rosa, casarnos y comprometernos.
Llevar una alianza en el dedo, que nos recuerde todos los días y a todo momento, nuestro compromiso de autoamor, con nosotras mismas y para el resto de nuestra vida.
¿Cómo lo ves?
No te rías que yo me lo estoy pensando…
Desde pequeñitas nos enseñan, que debemos honrar a nuestro padre y a nuestra madre -y además en ese orden-, a prometer ser fiel a la pareja –en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad-, a obedecer, a no ser egoístas, a ser buenas personas…
Bufff, y no sigo que me va a salir urticaria.
¿Hola?… ¿Y dónde quedamos nosotras? ¿Al final de la lista?
¿Pero te das cuenta? Todo enfocado siempre, en actuar en beneficio de los demás.
Encontrar al amor de tu vida y decidir casarte para compartir tu amor hacía tu pareja, está súper bien visto.
Es más, incluso añadiría, que te pueden mirar hasta mal –o tacharte de rara-, si no consigues casarte nunca, o decides en un momento de tu vida, no tener más parejas.
¿Pero el amor de tu vida no eres TÚ misma?
¿Pero no eres TÚ la persona que te va a acompañar toda tu vida?
Por ende, ¿no deberías casarte, en primer lugar, contigo misma?
Cuando acabé de ver la peli, mientras salían los créditos, me puse a pensar.
(Me encanta ver los créditos finales de las películas, porque en ese momento reflexiono sobre lo que acabo de ver o sentir, mientras escucho la banda sonora pertinente).
Pensé, que esa boda o compromiso de Rosa, debería ser una celebración obligatoria. Para todas. Como esas celebraciones religiosas o culturales: primera comunión, confirmación o quinceañera.
Esa clase de festividades que van relacionadas a ciertas edades, como la quinceañera, cuando se celebra el paso de niña a mujer a los 15 años…
Pues eso, pero mejor… ¡Celebrar el autoamor!
Así que, voy a hacer una propuesta.
Que cuando una mujer esté en su estado adulto y de suficiente madurez para entender el compromiso, ¡se case con ella misma!
Casarse, para responsabilizarse con ese contrato que verbaliza y manifiesta, ese deber y obligación, de autoamarse toda su vida… por encima de todo.
Primero, bodorrio con una misma, y luegoooo… pues ya se verá cómo transcurre la vida y si a una le apetece casarse más veces…
Cásate contigo misma y cumple tu compromiso.
¿Qué te parece?
¿Vamos de bodorrio?
¡Viva la Novia!
Que tengas un fantástico día -y una boda inolvidable-.
Un abrazo con K de KarMa.
➤ Si quieres, aquí puedes ver este post en Instagram y aquí encontrarás la postal correspondiente.
❤️
Gràcies.
Una abraçada.
🤎🧡