Cómo te cambia la vida y cómo puedes ser más feliz, solo con hacer… un diario de gratitud.

En este camino constante de conseguir ser más felices, es primordial que empecemos a ser más conscientes, de lo importante que es ser agradecidos. 

La importancia de saber agradecer.
Agradecer, agradecer y agradecer. 

Y te puedes preguntar: ¿y qué tendrá que ver, que yo dé las gracias con la felicidad? 
Pues sí, ¡y mucho! 

Parece que vivamos de un modo automático o robotizado, sin prestar atención a acciones y detalles de mucho valor.  Nos centramos en algo que debemos hacer o que ya estamos haciendo, y perdemos de vista lo que pasa a nuestro alrededor o en nosotros mismos, cosa igual de importante o incluso más. 

Afortunadamente, acostumbramos a dar las gracias siempre, a quien nos abre la puerta, nos cede su asiento, nos hace un regalo, etc. Pero fíjate, que son hechos puntuales. 
¿Pero qué pasa con esos gestos que son más frecuentes o son una costumbre?  
¿Agradecemos siempre cuando nos dejan un mensaje de buenos días, o cuando nos llevan al trabajo o nos preparan el desayuno, ¡todos los días!?  
Y aquí es cuando entra ese modo automatizado o robotizado que antes te comentaba. 
Parece que todo pierde valor cuando lo hacemos o lo tenemos, de una forma constante o cotidiana.  
 
Centrándonos en el ejemplo del desayuno, si no damos las gracias, sin darnos cuenta se está automatizando tanto el hecho de encontrarnos el desayuno preparado, como también el hecho de prepararlo.  
Si damos las gracias cada vez que lo recibimos, estamos dando valor al gesto que nos llega, pero también y muy importante, a quien lo ha hecho. Estamos valorando su tiempo, su esfuerzo, su dedicación, su gesto y su amor hacía nosotros.
Si damos las gracias, esa persona que está teniendo el gesto contigo cada día, recibirá tu agradecimiento en forma de reconocimiento y, por tanto, se sentirá valorada y querida. Y seguramente también, acabará dejando de hacer el desayuno de forma automática, y lo hará por amor. 
 
Con un simple gracias, inevitablemente, surgirá un intercambio de sonrisas verdaderas. Y en ese instante, habrá felicidad por ambas partes.

 
También nos pasa con las cosas que nos rodean. 
Una margarita es igual de bonita, siempre. Parece que, si la vemos todos los días, nos acostumbramos a verla y dejamos de prestarle atención. Pero si vives en la ciudad y un domingo vas al campo y te encuentras con una, casi lloras de la emoción. 
O los que tenemos la suerte de vivir en la costa. Tenemos cerquita el mar, pero vamos a verlo muy pocas veces. Y no cuenta lo de ir a la playa en verano a torrarse, me refiero a ir a disfrutar de la belleza y la calma del mar… Pero ay amiga, vete a vivir al interior, ¡y no habrá un día que no lo eches de menos! 

Agradecer, agradecer y agradecer.


Pero la gratitud que más te acerca a la felicidad, es la gratitud que haces contigo mismo… en tu silencio y desde tu corazón. 

Agradecer todos los días, es una buena rutina para llegar a sentirnos más felices. 
Agradecer por todo lo que tenemos, por todo lo que sentimos… por todo lo bueno, incluso por todo lo malo que seguro te llevó a algo bueno. 
Si nos pasamos el día pensando en las cosas malas que nos suceden, en lo que no tenemos, o en lo que tanto deseamos y no conseguimos… al final nos estamos llenando de malas vibraciones, de energía negativa, de pesimismo, incluso de paranoias. 
Pero si ponemos el foco, en todo lo bueno y positivo que tenemos o que nos pasa, empezaremos a vibrar de una forma extraordinaria, a rodearnos de energía positiva, a ser más optimistas, a creer y confiar más en nosotros. 

Lo bueno llama a lo bueno, y lo malo a lo malo. 

Pon el foco en lo bueno. 
Pon el foco en lo positivo. 
Pon el foco en lo sencillo. 

Y para conseguirlo te recomiendo, simplemente, hacer un diario de gratitud. 
Coges una libreta bonita… porque lo bonito es bonito y también llama a lo bonito. 
Te sientas. 
Abres la libreta. 
Acaricias lentamente, la hoja donde vas a escribir. 
Cierras los ojos. 
Respiras. 
Abres los ojos. 
Coges el boli y piensas cinco cosas por las que, en ese momento, das las gracias. 
Y las escribes. 
 
Puede ser cualquier cosa…  
Doy las gracias porque estamos vivos, porque tenemos salud, por tener la mano derecha y por la mano izquierda o por las dos piernas… 
Doy las gracias porque hace un buen día, o porque me voy de viaje… 
Doy las gracias porque hoy salgo de cena o por esa cita que tanta ilusión me hace… 
Doy las gracias por lo bien que me quedó hoy el pelo o por la preciosa manicura que llevo… 
Doy las gracias por tener a los padres vivos… 
Doy las gracias por la lección que aprendí o el reto que superé…  
Doy las gracias por las sábanas tan suavecitas que he puesto en la cama o por la manta mullidita que tengo en el sofá…
Doy las gracias por el atardecer de hoy, por la brisa fresca en mi rostro, por el verde de los árboles, por el color de las flores, por el sonido del mar, por el chispeo de una chimenea o por esas noches colmadas de estrellas…
Doy las gracias por mi gato o por mi perro, por mi mejor amiga o por mi vecino, por la peli que acabo de ver, por ese momento en el que me emocioné o por esa sonrisa que alguien me brindó… 
Doy las gracias por sentirme orgullosa de mí misma, por cuidarme y quererme cada día un poco más… 
O incluso porque hoy me prepararon un riquísimo desayuno… o porque hoy preparé el desayuno y me lo agradecieron… 

¡Hay tanto por lo que agradecer! 
 
Al día siguiente, repetimos la misma operación: buscar cinco cosas por las que dar las gracias. 
Y así cada día. 
Lo puedes hacer por la mañana cuando te levantas, por las noches… o en ese momento que te regalas de tranquilidad. 
Yo lo hago todas las noches antes de ir a dormir. Me va fenomenal porque me sirve también, para hacer como un mini resumen mental de lo que me he hecho o me ha ocurrido durante el día. 

Agradecer, agradecer y agradecer.

Si nos centramos en todo lo que hay por agradecer, nos iremos dando cuenta de lo afortunados que somos. Cada vez pensaremos menos en lo malo y más en lo bueno… e inevitablemente, con este pequeño hábito que nos comporta muy poco esfuerzo, le estaremos dando valor a lo que realmente lo tiene… y seremos más felices en nuestro día a día, en nuestro camino. 

Por eso… en el camino de la felicidad está el hábito de agradecer. 

Agradecer es bonito en todas sus formas. 
Siempre. 

Te invito a escribir tu diario de gratitud.  
Te aseguro que te va a ir fenomenal. 
Pruébalo y luego me cuentas.

¡Que tengas un magnífico día!
Un abrazo con K de Karma. 

PD: Doy las gracias a quien me recomendó hacer mi diario de gratitud.

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