Se despertó, abrió los ojos y pudo escuchar cómo llovía… 

Para ella, eso era motivo de alegría. 
En primer lugar, por los problemas de sequía que en los últimos tiempos se estaban produciendo. Y en segundo lugar… porque le fascinaba la lluvia. 

Los días lluviosos le llenaban de sensaciones. 
Le encantaba el olor a tierra mojada, esa temperatura fresquita de la brisa húmeda, y esa tonalidad melancólica que tomaban los paisajes… 

La lluvia, siempre le inspiraba… y hoy le llevaría a un lugar insospechado.

Estaba atravesando por un momento personal complicado, en el que tenía que volver a armar el puzle que era ahora su vida, nuevamente desarmada por otro combate con el duelo. 
A pesar de que lo que le apetecía era plantarse en el sofá frente a una caja de bombones, prefirió seguir apostando por el autoamor y el autocuidado. 
Con la lluvia, hoy no saldría a caminar, pero se plantó sus sostenes deportivos y un chándal ligero, y procedió a subir y bajar las escaleras del edificio, que entre acceso al parking y el altillo, contaba con un total de seis pisos, para poder trabajar piernas –y glúteos-.

En uno de los viajes de bajada, se encontró la puerta de acceso al edificio, abierta. 
Y se paró en seco. 

Notó el fresquito que entraba y el olor a tierra mojada. 
Se quedó unos segundos observando el exterior.  
Llovía.
Seguía lloviendo. Ahora más intensamente.

Se dejó seducir por la cortina de agua.
Ver la lluvia caer ya no le bastaba, necesitaba sentirla. 

Doce grados y en manga corta. 
No le importaba.
Salían del edificio vecinos que se iban a trabajar, había coches que pasaban, gente paseando… ¡la iban a tomar por loca!
No le importaba.

Y salió a la calle.

Miró al árbol que tenía delante, alzó los brazos con las palmas de las manos abiertas, levantó la cabeza para que la lluvia le acariciara el rostro… y cerró los ojos. 

Empezó a respirar de forma consciente. Profundamente. 

Se sentía relajada. 
Mojada.
Limpia.

Siguió respirando… 
Respirando… 
Respirando… 

Y todo en su cabeza se desvaneció. 

Solo importaba la lluvia, la pureza del agua que estaba recibiendo, la intensidad de las gotas en su cara… y la fuerza de la Naturaleza. 

A pesar de los pesares… 
A pesar de tantas complicaciones… 
A pesar de tantas responsabilidades… 
A pesar de tantas decisiones a tomar… 
A pesar de tanta falta de momentos de silencio e intimidad…
A pesar de su vida recientemente desajustada… 

A pesar de los pesares… 
En ese momento, se sintió… completamente libre… 


 

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