Mientras su novio, paseaba al perro, ella subió a la habitación.
Se había ido al norte, a la casa rural de la familia, a pasar el fin de semana y descansar, tras la intensidad de los últimos días.
El trabajo había sido una locura. Dirigir dos proyectos paralelamente, le estresaba en exceso.

Estaba cansada. Llevaba unos días sin dormir bien y el viaje en coche había sido largo, por lo que después de comer, decidió irse a la cama un rato y relajarse… disfrutar de esos momentos de relax, que en su rutina habitual nunca podía hacer.

Dejó su móvil en la mesita, se quitó solo los pantalones y literalmente, se tiró en la cama, boca abajo, como a ella le gustaba tumbarse. Sentía el cansancio y cerró los ojos. Pero no podía dormir, los nervios no le dejaban: iba a recibir una llamada importante…
Giró su cuerpo y se incorporó apoyando sus codos en esa colcha de color azul que le encantaba y que era de su abuela Lucía. Se quedó mirando fijamente la luz que entraba desde la ventana y se reflejaba en la pared de la habitación, resaltando las vetas de la madera.
No podía dejar de pensar en ello…  ¿le publicarían su primer libro?

Llevaba cinco años trabajando en el despacho de su padre y aunque ese trabajo le había proporcionado un buen sueldo, reconocimiento y una amplia vida social… ella se sentía escritora. Empezó a escribir desde bien pequeña, cuando se inventaba y escribía finales alternativos, primero de los cuentos y posteriormente de las novelas, que devoraba incluso a escondidas…

Mientras sus padres se obsesionaban por triunfar en el mundo de los negocios, ella pasó la mayor parte de su niñez y adolescencia con su abuela Lucía, una mujer extraordinaria, a quien le contaba sus inquietudes y secretos.
De ella aprendió las mejores lecciones de la vida… a ser generosa, humilde, honesta, íntegra y auténtica. También le enseñó que hay que aparcar los miedos y ser valiente, que hay que sentir pasión en aquello que dedicas tu tiempo, que es mucho mejor tener una actitud positiva ante la vida y que se puede ser feliz simplemente sonriendo y tarareando una canción…
La consideraba como una persona muy sabia, entrañable y tierna. Era quién más le apoyaba y animaba a escribir… y a quien le leía sus relatos.
En los últimos años, lo hacían siempre por Navidad. Para ellas dos, era como un ritual en esas fechas. Le llevaba sus últimos escritos, se los leía y su abuela le escuchaba entusiasmada mientras se acurrucaba en la mecedora con la colcha azul por encima y una manzanilla bien calentita.
En acabar la lectura del relato, siempre le decía las mismas palabras: “Mi niña, sigue escribiendo así, con el corazón… y llegarás muy lejos”.

Después de la muerte de su abuela Lucía, decidió con firmeza… ser escritora.
Recordó el día exacto que tomó la decisión de apostar por sus sueños. Fue justo una semana después del entierro. Ese día se tiñó el pelo de azul. Siempre había querido probarlo y creía que le podría favorecer.
Y así fue. Se sintió mucho más auténtica… como su abuela…

Finalmente, decidió dejarse vencer por el cansancio y se tumbó de nuevo en la cama.
Cerró los ojos.
Solo pasaron dos minutos y los volvió a abrir… su teléfono estaba sonando.
Se levantó de un brinco toda nerviosa.
La pantalla del móvil parpadeaba indicando: “Llamada entrante de Editorial Hache”…

5 Comentarios

  1. Estic segur que l'”Editorial Hache” li dirà que sí… Vaja, amb lo bé que escriu la Lucía seria de rebut publicar-li el llibre. Caldrà esperar la segona part del relat.

  2. ¿La verdad? Espero que esto sea la parte I y que en otro post nos presentes tú el final en una seguna parte. ¡Ganas de leerla!

  3. ¿Qué crees que sucederá? ¿Cómo te gustaría que continuara la historia?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.